31 enero, 2015

Don Víctor Quintanar, un friqui en «La Regenta»

En una conversación en Twitter surgió el tema de quién sería el primer personaje friqui en la literatura. Hubo varios candidatos: don Quijote, el capitán Nemo, Sherlock Holmes... Varios tienen facetas friquis. Yo propuse a don Víctor Quintanar, el ex-regente, marido de Anita en «La Regenta», porque recordé que, cuando leí el libro, reconocí en el entrañable personaje a un friqui perfecto. Recuerdo haber pensado en aquel momento en que siempre ha debido de haber friquis adaptados a su tiempo y que ahora solo los hemos definido.

Prometí que recopilaría algunos fragmentos en los que apoyar esta observación sobre el personaje. Aquí los aporto. Están sacados de una versión digital según algunas claves de búsqueda, es un trabajo muy superficial y ni siquiera los he dejado en orden. Creo que son suficiente, aunque al leer el libro, la dimensión psicológica de Víctor Quintanar, especialmente en su relación cotidiana con los demás, es todavía mucho más friqui de lo que se puede atisbar en estos textos.

* * *

Afición desmedida por el teatro de capa y espada. Incluso llega a entrenarse en las habilidades de los personajes de este tipo de comedias. El hombre casi no habla de otra cosa, es literalmente un rasgo de su personalidad y hasta decisivo en la historia:
Siempre había sido muy aficionado a representar comedias, y le deleitaba especialmente el teatro del siglo diecisiete. Deliraba por las costumbres de aquel tiempo en que se sabía lo que era honor y mantenerlo. Según él, nadie como Calderón entendía en achaques del puntillo de honor, ni daba nadie las estocadas que lavan reputaciones tan a tiempo, ni en el discreteo de lo que era amor y no lo era, le llegaba autor alguno a la suela de los zapatos. En lo de tomar justa y sabrosa venganza los maridos ultrajados, el divino don Pedro había discurrido como nadie y sin quitar a «El castigo sin venganza» y otros portentos de Lope el mérito que tenían, don Víctor nada encontraba como «El médico de su honra».
[…] Y lo pensaba como lo decía. Todas las noches antes de dormir se daba un atracón de honra a la antigua, como él decía; honra habladora, así con la espada como con la discreta lengua. Quintanar manejaba el florete, la espada española, la daga. Esta afición le había venido de su pasión por el teatro. Cuando trabajaba como aficionado, había comprendido en los numerosos duelos que tuvo en escena la necesidad de la esgrima, y con tal calor lo tomó, y tal disposición natural tenía, que llegó a ser poco menos que un maestro. Por supuesto, no entraba en sus planes matar a nadie; era un espadachín lírico. Pero su mayor habilidad estaba en el manejo de la pistola; encendía un fósforo con una bala a veinticinco pasos, mataba un mosquito a treinta y se lucía con otros ejercicios por el estilo. Pero no era jactancioso. Estimaba en poco su destreza; casi nadie sabía de ella. Lo principal era tener aquella sublime idea del honor, tan propia para redondillas y hasta sonetos. Él era pacífico; nunca había pegado a nadie. Las muertes que había firmado como juez, le habían causado siempre inapetencias, dolores de cabeza, a pesar de que se creía irresponsable.
Los demás, incluso sus sirvientes, y eso que es importante en la ciudad, no lo toman muy en serio, debido a su personalidad que raya lo excéntrico:
Quintanar había llegado a viejo sin saber «cuál era su destino en la tierra», como él decía, usando el lenguaje del tiempo romántico, del que le quedaban algunos resabios. Era el espíritu del ex-regente, de blanda cera; fácilmente tomaba todas las formas y fácilmente las cambiaba por otras nuevas. Creíase hombre de energía, porque a veces usaba en casa un lenguaje imperativo, de bando municipal; pero no era, en rigor, más que una pasta para que otros hiciesen de él lo que quisieran. Así se explicaba que, siendo valiente, jamás hubiese tenido ocasión de mostrar su valor luchando contra una voluntad contraria. Él sostenía que en su casa no se hacía más que lo que él quería, y no echaba de ver que siempre acababa por querer lo que determinaban los demás. Si Ana Ozores hubiera tenido un carácter dominante, don Víctor se hubiese visto en la triste condición de esclavo: por fortuna, la Regenta dejaba al buen esposo entregado a las veleidades de sus caprichos y se contentaba con negarle toda influencia sobre los propios gustos y aficiones. Aquel programa de diversiones, alegría, actividad bulliciosa, que había publicado a son de trompeta Quintanar, se cumplía sólo en las partes y por el tiempo que a su esposa le parecían bien; si ella prefería quedar en casa, volver a sus ensueños, don Víctor que había prometido y hasta jurado no ceder, poco a poco cedía; procuraba que la retirada fuese honrosa, fingía transigir y creía a salvo su honor de hombre enérgico y amo de su casa, permitiéndose la audacia de gruñir un poco, entre dientes, cuando ya nadie le oía. Los criados le imponían su voluntad, sin que él lo sospechara. Hasta en el comedor se le había derrotado. Amante, como buen aragonés, de los platos fuertes, del vino espeso, de la clásica abundancia, había ido cediendo poco a poco, sin conocerlo, y comía ya mucho menos, y pasaba por los manjares más fantásticos que suculentos, que agradaban a su mujer. No era que Anita se los impusiese, sino que las cocineras preferían agradar al ama, porque allí veían una voluntad seria, y en el señor sólo encontraban un predicador que les aburría con sermones que no entendían. Hasta en el estilo se notaba que Quintanar carecía de carácter. Hablaba como el periódico o el libro que acababa de leer, y algunos giros, inflexiones de voz y otras cualidades de su oratoria, que parecían señales de una manera original, no eran más que vestigios de aficiones y ocupaciones pasadas. Así hablaba a veces como una sentencia del Tribunal Supremo, usaba en la conversación familiar el tecnicismo jurídico, y esto era lo único que en él quedaba del antiguo magistrado. No poco había contribuido en Quintanar a privarle de originalidad y resolución, el contraste de su oficio y de sus aficiones. Si para algo había nacido, era, sin duda, para cómico de la legua, o mejor, para aficionado de teatro casero. Si la sociedad estuviera constituida de modo que fuese una carrera suficiente para ganarse la vida, la de cómico aficionado, Quintanar lo hubiera sido hasta la muerte y hubiera llegado a trabajar, frase suya, tan bien como cualquiera de esos otros primeros galanes que recorren las capitales de provincia, a guisa de buhoneros.
Pero don Víctor comprendió que el cómico en España no vive de su honrado trabajo si no se entrega a la vergüenza de servir al público el arte en las compañías de comediantes de oficio; comprendió además que él necesitaba con el tiempo crear una familia, y entró en la carrera judicial a regañadientes. Quiso la suerte, y quisieron las buenas relaciones de los suyos, que Quintanar fuera ascendiendo con rapidez, y se vio magistrado y se vio regente de la Audiencia de Granada, a una edad en que todavía se sentía capaz de representar el Alcalde de Zalamea con toda la energía que el papel exige. Pero la espina la llevaba en el corazón; reconocía que el cargo de magistrado es delicadísimo, grande su responsabilidad, pero él... «era ante todo un artista». ¡Aborrecía los pleitos, amaba las tablas y no podía pisarlas dignamente! Este era el torcedor de su espíritu. Si le hubiese sido lícito representar comedias, quizás no hubiera hecho otra cosa en la vida, pero como le estaba prohibido por el decoro y otra porción de serias consideraciones, procuraba buscar otros caminos a la comezón de ser algo más que una rueda del poder judicial, complicada máquina; y era cazador, botánico, inventor, ebanista, filósofo, todo lo que querían hacer de él su amigo Frígilis y los vientos del azar y del capricho.
Afición a los inventos mecánicos, colecciones y experimentos científicos. Todo de manera un poco excesiva para ser normal, eso es lo importante. Falta de interés en el arreglo personal que provoca un aspecto peculiar:
Don Víctor no paraba en casa. Si no estaba de caza, entraba y salía, pero sin detenerse; apenas se detenía en su despacho. Le había tomado cierto miedo. Varias máquinas de las que estaban inventando o perfeccionando se le habían sublevado, erizándose de inesperadas dificultades de mecánica racional. Allí estaban cubiertos de glorioso polvo sobre la mesa del despacho diabólicos artefactos de acero y madera, esperando en posturas interinas a que don Víctor emprendiese el estudio serio de las matemáticas, de todas las matemáticas, que tenía aplazado por culpa de la compañía dramática de Perales. En tanto Quintanar, un poco avergonzado en presencia de aquellos juguetes irónicos que se le reían en las barbas, esquivaba su despacho siempre que podía; y ni cartas escribía allí. Además; las colecciones botánicas, mineralógicas y entomológicas yacían en un desorden caótico, y la pereza de emprender la tarea penosa de volver a clasificar tantas yerbas y mosquitos también le alejaba de su casa. Iba al Casino a disputar y a jugar al ajedrez; hacía muchas visitas y buscaba modo de no aburrirse metido en casa. «Mejor», pensaba Ana sin querer. Su don Víctor, a quien en principio ella estimaba, respetaba y hasta quería todo lo que era menester, a su juicio, le iba pareciendo más insustancial cada día: y cada vez que se le ponía delante echaba a rodar los proyectos de vida piadosa que Ana poco a poco iba acumulando en su cerebro, dispuesta a ser, en cuanto mejorase el tiempo, una beata en el sentido en que el Magistral lo había solicitado. Mientras pensaba en el marido abstracto todo iba bien; sabía ella que su deber era amarle, cuidarle, obedecerle; pero se presentaba el señor Quintanar con el lazo de la corbata de seda negra torcido, junto a una oreja; vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre.
Otro vistazo a sus aficiones, en una escena en la que le da la tabarra a un invitado para mostrárselas, ajeno a que lo está aburriendo con sus pasiones. Por si fuera poco, este invitado está en su casa en realidad para intentar seducir a su esposa, de lo que Quintanar, absorto en lo suyo, ni se entera:
Una intuición singular le decía al ex-regente que pagaba bien al amigo su atención llevándoselo a casa. ¿Por qué don Álvaro había de tener gusto en seguirle? Si se lo hubieran preguntado a Quintanar, no hubiese podido responder. Pero se lo daba el corazón; lo había observado, sin fijarse en la observación: a Mesía le gustaba entrar en la casa de la Rinconada.
Solía llevarle al despacho, a su museo como él decía; allí le explicaba el mecanismo de aquellos intrincados maderos y resortes y, convencido de la ignorancia de su amigo, le engañaba sin conciencia. Lo que no consentía don Álvaro era que se pasase revista a las colecciones de yerbas y de insectos: le mareaba el fijar sucesiva y rápidamente la atención en tantas cosas inútiles.—El único bicho que le era simpático a don Álvaro era un pavo real disecado por Frígilis y su amigo.—Solía acariciarle la pechuga, mientras Quintanar disertaba:
—Bueno—decía don Víctor—pues pasaremos a mi gabinete, ya que usted desprecia mis colecciones.—Anselmo, la cerveza al gabinete.
El gabinete era otro museo: estaban allí las armas y la indumentaria. Una panoplia antigua completa, otras dos modernas muy brillantes y bordadas; escopetas, pistolas y trabucos de todas épocas y tamaños llenaban las paredes y los rincones. En arcas y armarios guardaba don Víctor con el cariño de un coleccionador los trajes de aficionado que había lucido en mejores tiempos. Si se entusiasmaba hablando de sus marchitos laureles, abría las arcas, abría los armarios, y seda, galones y plumas, abalorios y cintajos en mezcla de colores chillones saltaban a la alfombra, y en aquel mar de recuerdos de trapo perdía la cabeza Quintanar. En una caja de latón, entre yerba, guardaba como oro en paño, un objeto, que a primera vista se le antojó a Mesía una serpiente; en efecto, yacía enroscado y era verdinegro el bulto.... No había que temer... don Víctor domaba fieras; aquello era la cadena que él había arrastrado representando el Segismundo de La vida es sueño, en el primer acto.
—Mire usted, amigo mío, a usted puedo decírselo; no es inmodestia; reconozco, ¿cómo no? la superioridad de Perales en el teatro antiguo, su Segismundo es una revelación, concedo, revela mejor que el mío la filosofía del drama, pero... no me gustaba su modo de arrastrar la cadena; parecía un perro con maza; yo la manejaba con mucha mayor verosimilitud y naturalidad; arrastraba la cadena, créame usted, como si no hubiese arrastrado otra cosa en mi vida. Tanto, que una noche, en Calatayud, me arrojaron todo ese hierro al escenario, como símbolo de mi habilidad. Por poco se hunde el tablado. Guardo esa cadena como el mejor recuerdo de mi efímera vida artística.
Episodio cómico con uno de los inventos que está desarrollando. Su mujer sufre un accidente. En él vemos desde el punto de vista de Anita una lista de las aficiones de Quintanar y su amigo Frígilis. Tal para cual:
Era una máquina que, según Frígilis y Quintanar, sus inventores, serviría para coger zorros en los gallineros en cuanto acabasen ellos de vencer cierta dificultad de mecánica que retardaba la aplicación del artefacto.
Era necesario que el hocico del animal tocase en un punto determinado; si tocaba, inmediatamente caía sobre su cabeza una barra metálica y otra idéntica le sujetaba por debajo de la quijada inferior. La fuerza del resorte no era suficiente para matar al ladrón de corral, pero sí para detenerlo, merced a ciertos ganchos incruentos sabiamente preparados. Ni Frígilis ni Quintanar querían sangre; no pretendían más que tener bien sujeto al delincuente cogido in fraganti. Si estos inventores no hubieran sabido armonizar los intereses de la industria con los estatutos de la sociedad protectora de animales, lo hubiera pasado mal aquella noche la Regenta. Por fortuna, Quintanar era correccionalista; quería la enmienda del culpable, pero no su destrucción. Los zorros que él cazara sobrevivirían. No faltaba para que la máquina fuese perfecta, más que esto: que los ladrones de gallinas viniesen a tropezar con el botón del resorte endiablado, como había tropezado aquella señora.
Ni Petra ni su ama conocían el uso de aquel artefacto que tuvieron que destrozar—y buenos sudores les costó—para separarlo del brazo que magullaba. Petra contenía la risa a duras penas. Se contentó con decir:
—¡Qué estropicio!—apuntando a los pedazos de loza, cristal, y otras materias incalificables que yacían sobre el piso.
—Si hubiera sido yo, me despedía don Víctor.... ¡Ay, señora! si ha roto usted tres de esos tiestos nuevos... ¡y el cuadro de las mariposas se ha hecho pedacitos! ¡y se ha roto una vitrina de herbario! y...
[...] «Su marido era botánico, ornitólogo, floricultor, arboricultor, cazador, crítico de comedias, cómico, jurisconsulto; todo menos un marido. Quería más a Frígilis que a su mujer. ¿Y quién era Frígilis? Un loco; simpático años atrás, pero ahora completamente ido, intratable; un hombre que tenía la manía de la aclimatación, que todo lo quería armonizar, mezclar y confundir; que injertaba perales en manzanos y creía que todo era uno y lo mismo, y pretendía que el caso era «adaptarse al medio». Un hombre que había llegado en su orgía de disparates a injertar gallos ingleses en gallos españoles: ¡Lo había visto ella! Unos pobrecitos animales con la cresta despedazada, y encima, sujeto con trapos un muñón de carne cruda, sanguinolenta ¡qué asco! Aquel Herodes era el Pílades de su marido. Y hacía tres años que ella vivía entre aquel par de sonámbulos, sin más relaciones íntimas. Bastaba, bastaba, no podía más; aquello era la gota de agua que hace desbordar... ¡caer en una trampa que un marido coloca en su despacho como si fuera el monte! ¡no era esto el colmo de lo ridículo!».
¿No has disfrutado con estos textos? Toda la novela es así de buena, además de emocionante, adictiva, trágica y hermosa. «La Regenta» está escrita con una técnica y lengua totalmente modernas que no aburren al lector contemporáneo (de hecho actualmente muchos escritores no alcanzan su calidad técnica). Es además un texto libre que puedes encontrar fácilmente para descarga en sitios como Amazon o el proyecto Gutenberg. Si hace tiempo que no te pones con un clásico, este es uno que merece mucho la pena.

Etiquetas: ,


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario en la entrada

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~


14 julio, 2014

"Suicidio" homeopático del 12 de julio #NoSinEvidencia

Contra la regularización por el Ministerio de Sanidad de los productos homeopáticos que permitirá que puedan ser vendidos legalmente como medicamentos. No a las falsas terapias sin base en la evidencia.

Para saber más: La homeopatía, una visión crítica, en la web de Círculo Escéptico.

Etiquetas:


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


1 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Gerardo escribió:

Algunas repercusiones en la prensa del "suicidio" por mis tierras.

- http://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/2014/07/12/40-personas-secundan-obradoiro-convocatoria-contra-homeopatia/0003_2014071405162752187235.htm
- http://www.elcorreogallego.es/santiago/ecg/medicos-quimicos-escenifican-un-suicidio-colectivo-homeopatia/idEdicion-2014-07-12/idNoticia-879737/
- http://www.elcorreogallego.es/fotos/ecg/medicos-quimicos-escenifican-un-suicidio-colectivo-homeopatia/idGaleria-8066/?int1=879737
- http://www.europapress.es/galicia/noticia-medicos-quimicos-escenifican-suicidio-colectivo-contra-homeopatia-praza-do-obradoiro-20140712141805.html
- http://www.gciencia.com/ciencia/suicidio-colectivo-en-compostela/

7/14/2014 01:27:00 p. m.  

Publicar un comentario en la entrada

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~


15 octubre, 2013

Natural y artificial

Siempre he pensado más o menos esto cuando me topo con las fobias de primitivistas, anticiencientíficos, ecologistas radicales, quimiofóbicos, neoludistas y todos los que en general odian o temen lo «artificial» y hecho por el hombre.

Sacado de Abstruse Goose.

Etiquetas:


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


2 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:


¡Síiii! Qué linda manera de exponerlo. Pero da igual, Gerardo, porque los plastas ignorantes que dicen cosas como "yo prefiero un producto herbal porque es natural y la química es artificial" seguirán sin entender este dibujo. Y sin entender lo que es la química. Y sin entender que un átomo de magnesio es un átomo de magnesio, esté en una pastilla o en una hoja de romero. Y sin entender que una molécula de agua tiene unas propiedades idénticas ya sea al caer del cielo o embotellada.

¿Y qué decir de esos brutos que rechazan sistemáticamente los productos transgénicos bajo el absurdo argumento de que son "antinaturales"? La ignorancia de esos pobrecitos les impide ser conscientes de que... ¡ellos mismos son el producto de una infinidad de mutaciones genéticas! Y lo que es peor: su ignorancia no les deja ver que, quizá, la solución del hambre mundial esté en los transgénicos (añadiendo frenos a la procreación, pero de eso ni hablar, que la Santa Madre Iglesia se enfada).

Y en definitiva: sí, construir un rascacielos o diseñar un avión supersónico por humanos es tan natural como hacer un panal -con sus complicaciones matemáticas de aprovechamiento de espacio- por abejas.

Bueno, también hay que admitir que hay unas diferencias, perfectamente naturales dicho sea de paso, entre, por ejemplo, las hormigas y los humanos. Ellas carecen de un sistema nervioso lo bastante complejo como para tomar decisiones éticas, mientras que los humanos poseemos un poderoso intelecto que nos permite decidir moral y éticamente. Esto, más que un privilegio, es una responsabilidad, y por lo que parece, es un privilegio que algunos prevarican, y una responsabilidad que la mayoría elude. Siendo así, no pasa nada si nos jodemos bien jodidos los unos a los otros (a los humanos me sigo refiriendo), y después, cuando todo acabe y el Homo sapiens se extinga debido a su natural mayoritaria mala leche y a su también natural incapacidad común para pensar con conciencia de grupo, entonces millones de años después habrá dos camarones que se miren uno a otro y digan, muy filosóficos ellos:

-Es curioso, compadre, este asunto de los Homo sapien que tanto prometía, y mira en qué ha quedado la cosa- dirá uno.

-Los muy hijoputas, que eran listísimos y dedicaron su inteligencia a inventar religiones y a matarse en nombre de ellas, a idear absurdos razonamientos anticientíficos, a pudrirse en su ignorancia despreciando a los escasos genios de los que esa especie gozó...

(Perdona, Gerardo, me temo que he convertido tu blog en una extensión del mío, ¡pero la culpa es tuya porque me provocas con tus entradas! ¡Y para colmo escribes antinaturalmente, sin señales de humo ni nada de eso!

10/25/2013 02:48:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Yo hace tiempo que me he negado a comer nada que esté en la tabla periódica. Lo malo es que te sale la cesta de la compra carísima, la antimateria está por las nubes.

Con los anti transgénicos suelo inquietarlos con la perturbadora (para ellos) realidad de que nosotros mismos somos transgénicos. Gracias a los HERV, tenemos entre 8 y un 10 por ciento de material extraño insertado en nuestro genoma, algo natural que ha estado sucediendo durante millones de años y ha contribuido a nuestra evolución como en la supresión inmune que permite que las embarazadas no rechacen los tejidos extraños de placenta y feto (¡Los niños, han hecho posibles a los niños! ¿A quién no le gustan los niños?). El ADN no es algo prístino, incorruptible e inmutable, eso es una idea humana artificial sobre una supuesta "pureza natural".

También somos radiactivos, como todo ser vivo tenemos carbono 14, inestable, en nuestro cuerpo.

Y se encuentran fósiles humanos, de la época en que no había nada "artificial", con cáncer. Solo de huesos, claro, porque es lo único que deja registro fósil. Para algunos es todo un shock descubrir que el cáncer no es producto de nuestras horribles vidas modernas.

Aparte de parásitos, infecciones...
Y de tallar sílex acababan con silicosis. Y tenían arterioesclerosis. Y como resultado de vivir cotidianamete con fuego, enfermedades crónicas obstructivas pulmonares, asma, cáncer de pulmón... El famoso Ötzi estaba hecho polvo por esto último, se estima que debía tener la capacidad pulmonar de un gran fumador crónico.

Tengo ideado un artículo para desmitificar algunas paridas primitivistas.

Otra cosa... no sé si has visto esto: http://multi-herramientas.blogspot.com/2012/08/navajas-multiusos-aitor.html

10/25/2013 12:59:00 p. m.  

Publicar un comentario en la entrada

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~


10 septiembre, 2013

Me sumo al meme de Batman

Tomando prestada la cita de Scott Adams. Hala, Robin, toma eso por relativista de salón.

Etiquetas:


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


4 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:


Je je je... Qué casualidad. Creo que fue precisamente ayer cuando andaba yo solo pensando acerca de esta tontuna de "todas las opiniones son igualmente respetables". Ay, cuántos debates he tenido que terminar abruptamente al escuchar a mi interlocutor perlas similares. Y lo peor es que es una idea buenista, además de absolutamente idiota, que ha calado en la peña hasta el punto de escuchársela ya a gente "con estudios". Lo cual, por cierto, demuestra una vez más que tener siete carreras universitarias no es en absoluto sinónimo de racionalidad.

Quién fuera Batman para ir soltando bofetadas impunemente... Me faltan los músculos, la capa y la máscara; las ganas ya las tengo de sobra.

9/13/2013 03:39:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

¡¡Leónidaaaaass!!

No sé qué me alegra más, verte por aquí o saber que queda algún lector todavía.

9/13/2013 04:20:00 p. m.  
Blogger Hombre-Lupa Gardner escribió:

No me extraña que en las mejores películas de Batman éste trabaje sin Robin. Como para aguantarle todo el metraje diciendo paridas :-)

Majo blog, no lo conocía, no soy un "escéptico" pero sí un aplicado lector. Saludos y p'alante.

10/11/2013 06:47:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Bienvenido por aquí...

10/11/2013 10:26:00 a. m.  

Publicar un comentario en la entrada

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...